La Guía del Espíritu Santo

El germen que dio lugar al nacimiento de esta familia se produjo cuando hombres y mujeres se pusieron a buscar un genuino mover del Espíritu Santo. El Espíritu Santo vino, derramó dones, ministerios, palabras proféticas, y guía. Cuando el Espíritu Santo viene trae directivas. El Espíritu Santo no es una persona pasiva, es maravillosamente activa. (Hch 13:12)

A. ¿Por qué necesito la guía del Espíritu Santo?

En primer lugar, porque estamos en la era de la Iglesia, que es la era del Espíritu Santo. Esta nació por el Espíritu Santo en Pentecostés, y es sustentada, guiada, edificada, corregida, impulsada y un sinnúmero de cosas más, por el bendito Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no habría Iglesia. El Espíritu Santo es el que prepara la novia (Iglesia) para las bodas del Cordero.

Sería imposible en estos breves renglones exponer con justicia la persona y el ministerio del Espíritu Santo. Todo lo antedicho se cree y se predica en las iglesias evangélicas, pero creo que lo importante es ver cómo funciona en la práctica este ministerio.

Todo va en concordancia con la vida de fe que practicamos:

Si es Dios el que nos llama, quién más que Dios puede decirnos para qué nos llamó y qué es lo que espera de nosotros.

Si yo me ofrezco como voluntario a una agencia misionera, los directivos tendrán que decirme lo que tengo que hacer. Ellos son responsables por mí, y yo me debo a ellos. Pero cuando yo pongo mi vida en las manos del Señor respondiendo a un llamamiento, es el Señor el que irá guiando mis pasos, porque yo vengo a ser parte de su plan magistral en la tierra. Vengo a ser un miembro de su cuerpo, el cual, Él pueda usar a su criterio. Vengo a ser un instrumento en sus manos.

Si hemos de ser efectivos en la obra, será porque seamos guiados por el Espíritu Santo. Lo que hace la diferencia entre una obra batallada, quedada, estancada, y otra pujante y con resultados, es la guía del Espíritu Santo. La obra del Señor es espiritual, por lo tanto ¿quién mejor que el Espíritu Santo para guiarnos en todos los aspectos de ella?

Necesitamos Su guía para nuestras predicaciones. Nuestra oración debe ser: Espíritu Santo, dame una palabra del cielo para este culto. ¿Puede mi palabra o sermón, por mejor elaborado que esté, brindar la respuesta a doscientas diferentes necesidades que tengo delante de mí, en un culto? Imposible. Sólo el Espíritu Santo puede dar el pan fresco a cada uno, de tal modo que todos puedan salir diciendo: Dios me habló. Me voy transformado.

El Dios que te llama te quiere guiar

Habría mil consideraciones que hacer respecto a para cuántas cosas necesitamos la guía del Espíritu Santo. Pero el punto fundamental es éste: no soy yo el que tengo que tenerlo al Espíritu Santo como mi ayudante, sino que es Dios el que me quiere usar a mí (por eso me llamó) y ha mandado al Espíritu Santo para que me ayude, para que me guíe, para que me enseñe a conocer Su voluntad, y a desarrollar Sus propósitos en la tierra (Jn 16:13).

Cuando estamos haciendo la obra del Señor hay algo muy importante para tener en cuenta. Hay dos maneras de ser idóneo en la tarea:

1. Preparándonos intelectualmente. La tarea pastoral es tan compleja, que debiéramos prepararnos en Institutos, Seminarios, talleres, etc. para aconsejar debidamente, o para tener una palabra oportuna para los miles de casos que se nos presentan.

2. Pero es más importante, confiar que el Señor por medio de su espíritu, nos estará dando la palabra justa, la guía para el consejo apropiado. Pensemos en los consejos a matrimonios, para la crianza de los niños, a jóvenes y adolescentes, a la tercera edad. ¡Cuántas demandas! Una sola recomendación: Si no tenemos la primera preparación, más vale que tengamos la segunda, pues sino, somos unos viles embusteros y embaucadores.

B. ¿Cómo conocer la guía del Espíritu Santo?

Cuando era niño mi gran pregunta era: ¿Cómo habla Dios? Escuchaba muchos testimonios, Dios me habló esto, Dios me habló lo otro. ¿Cómo será la voz de Dios? Iba a mi cuarto y le preguntaba al Señor y me quedaba calladito esperando que me hablara, ¡Que duro era el silencio a veces! Que importante es aprender a oír la voz del Espíritu Santo.

Cuando se es niño en Dios las directivas vendrán directamente del pastor, del que me ministra. Haz esto, haz lo otro. Cuando uno tiene niños, no les deja obrar a su criterio, necesitan conducción firme (He 13:17). El pastor está puesto para guiar, corregir, etc. Como pastores necesitamos una palabra de Dios para cada consejo.

Cuando una vida es llena del Espíritu Santo, éste comienza a hablarle a través de la oración, de predicaciones, de la Biblia, de sueños, visiones, puede hablar a través de necesidades, cosas que vemos u oímos. De pronto nuestro espíritu es impresionado por aquello que hemos dado en llamar “el sentir”; “siento de parte de Dios”, “el Señor me ha hecho sentir esto”, que bien tomado y no a la ligera, puede constituir la voz del Espíritu Santo hablando a nuestra alma y guiándonos a Su voluntad. Esta expresión “sentir” ha sido muy del Movimiento.

En todo esto siempre es importante la confirmación.

1. Porque en Dios hay un orden, y no es cuestión que cada uno salga haciendo lo que siente sin consultar con nadie. Mi sentir está sujeto al que preside.

2. Porque por más afinado que tenga mi oído me puedo confundir o equivocar. Es importante la confirmación y si es posible de alguien espiritualmente más maduro que yo.

a concluir con la consideración de este principio, lo haría abriendo mi corazón a una oración que surgió en mi alma desde que pude ver con claridad esto: “Señor, que nunca dejemos de ser guiados por tu Espíritu Santo, que no dejemos de oír tu voz. No hay muchos doctos en nuestro medio, ni somos un dejo de capacidad humana. Somos quizá aquello vil y menospreciado que escogió Dios, para avergonzar lo que es. No tenemos nada humano de qué jactarnos ni en que apoyarnos, si perdemos la bendita llama de tu Espíritu no nos queda nada, somos muertos. Brille tu luz amorosa, e ilumine cada día nuestro camino, y seamos llevados en las alas de tu Espíritu hasta alcanzar el propósito maravilloso para el cual un día nos llamaste. Amén”

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